El Espanyol, ese equipo que lucha con todas sus fuerzas, ha vuelto a caer en su propio feudo. La derrota ante el Getafe por 1-2 ha dejado una herida más en un 2026 que ya parece una pesadilla. Desde la llegada de la segunda vuelta, los blanquiazules no conocen la victoria y acumulan casi tres meses sin celebrar un triunfo.
Un inicio prometedor que se tornó en frustración
El encuentro comenzó con mucha energía. Los hombres de Manolo González salieron al campo dispuestos a dejarlo todo y pronto se vieron recompensados con dos goles anulados por el temido VAR. La afición, ilusionada, vio cómo los tantos de Ngonge y Ramón Terrats se esfumaban por decisiones milimétricas que destrozaron la moral del equipo. «Es desesperante», comentaba un aficionado mientras se secaba las lágrimas.
Y como si eso no fuera suficiente, al poco tiempo también se revisó un posible penalti tras una mano dentro del área. Pero Isidro Díaz de Mera optó por ignorar el clamor popular y mantuvo su decisión inicial, dejando a los pericos otra vez con las manos vacías.
A pesar del ambiente tenso, el Espanyol no bajó los brazos. En la segunda mitad, Roberto Fernández recortó distancias e insufló algo de esperanza a su equipo. Sin embargo, cada intento de igualar fue frustrado por David Soria, quien tuvo intervenciones memorables para mantener la ventaja del Getafe. Así cerraron otra jornada sin puntos y con una carga emocional pesada sobre sus hombros.
La situación comienza a ser crítica para el Espanyol. Con un calendario muy exigente por delante, el equipo necesita urgentemente encontrar esa chispa que les permita salir del bache antes de que sea demasiado tarde.

