Desde que comenzó la segunda vuelta, el Villarreal ha visto cómo su rendimiento como visitante ha caído en picado. Después de una primera parte del campeonato donde se mostraron como un rival temido, ahora solo han conseguido ganar un partido lejos de su hogar, La Cerámica. Esta situación se hace aún más evidente tras su último encuentro en Mendizorroza, donde otra vez salió sin la victoria.
Una historia que se repite
El empate sobre la bocina fue solo un pequeño alivio ante lo que parece ser una maldición en este estadio. Los amarillos no conocen el sabor de la victoria en Vitoria desde 2020 y esta nueva temporada no parece romper con esa tendencia. En total, el equipo dirigido por Marcelino ha disputado seis encuentros fuera de casa desde el arranque de esta segunda vuelta y, a excepción del partido contra el Levante –que fue aplazado–, solo han logrado llevarse los tres puntos una vez.
Las cosas han cambiado drásticamente comparado con la primera mitad del campeonato. En aquel entonces, el Villarreal acumuló seis victorias y un empate como visitantes; ahora, ya son varias las derrotas que suman, incluyendo las sufridas ante rivales como el Betis (2-0) o el FC Barcelona (4-1). Este panorama está generando preocupación entre los aficionados, quienes ven cómo su equipo se desinfla cada vez que sale a jugar lejos de casa.
Como bien dijo Marcelino después del partido: «En Mendizorroza siempre es un partido muy complicado», aunque quizás deberíamos preguntarnos si están haciendo lo suficiente para cambiar esta dinámica. A medida que avanza la temporada, será crucial que encuentren soluciones y logren revertir esta mala racha antes de que sea demasiado tarde.

