Este sábado, el Estadio Carlos Tartiere se llenó de emociones al rendir un sincero homenaje a Armando Barbón, un joven talento de la cantera oviedista que nos dejó demasiado pronto. El 8 de noviembre de 2003, un trágico accidente acabó con su vida mientras regresaba a Turón, su hogar. Desde entonces, su recuerdo ha perdurado en el corazón de la afición azulona y este acto fue una muestra palpable de ello.
Entre los asistentes se encontraban Diego López, jugador del Valencia y ahijado de los padres de Armando, así como Santi Cazorla, uno de los ídolos del Oviedo. La presencia de Diego fue especialmente significativa; no solo participó en la ofrenda floral ante el busto del canterano, sino que también simbolizó la conexión entre ambas familias. Sonia Noguerol, madre de Diego, compartió en DAZN cómo las vidas de estas familias han estado entrelazadas desde siempre en Turón.
Un legado imborrable
El acto recordó no solo la vida de Armando Barbón, sino también sus valores: fidelidad y compromiso hacia el club que había elegido por encima de otras ofertas. Más de dos décadas después de su partida, su legado sigue vivo y es un referente para nuevas generaciones. La tradición anual en torno a su busto dentro del estadio asegura que nunca será olvidado.
Cada año, directivos, jugadores y aficionados llevan flores hasta allí como tributo a quien fue una promesa brillante del fútbol ovetense. En momentos como este, recordamos no solo lo que se perdió aquel fatídico día, sino también todo lo que representa para todos nosotros: una historia compartida llena de sueños e ilusiones. Este homenaje es más que un recuerdo; es una celebración del espíritu que une al oviedismo.

