La Copa del Rey Mapfre siempre ha sido ese rincón del fútbol donde las emociones se desbordan. En esta semifinal, la Real Sociedad y el Athletic se estaban dando un buen espectáculo, uno de esos partidos que te hacen sentir el pulso del juego. Todo iba bien, los jugadores dejaban de lado los teatreros fingiéndolo todo, como si tuviéramos al fin la esencia pura del deporte rey.
Sin embargo, esa magia se rompió cuando entró en acción el VAR. Esos momentos donde uno espera que todo sea perfecto se tiñen de dudas y controversias. Allí estaba Soto Grado, viendo cómo una decisión crucial podría cambiar el rumbo del partido. ¿Por qué siempre tiene que haber un pero? Parece que cada vez que estamos a punto de disfrutar sin reservas, algo nos recuerda lo complicado que puede ser este juego.
Una verdad a medias
A pesar de todo lo bueno que hemos visto en estas semifinales —y no olvidemos mencionar el arbitraje menos quisquilloso— siempre hay un halo de incertidumbre cuando hablamos de tecnología en el deporte. La Copa debería ser un refugio para la verdad futbolística: sin distracciones ni chanchullos, dejando que brille lo mejor de cada equipo. Pero hoy, con ese VAR asomando su cabeza, pareciera que las cosas no son tan simples. Nos queda preguntarnos: ¿hasta cuándo dejaremos que esta herramienta tire por la borda nuestra pasión?

