El Betis, con la ventaja de un 2-0 al descanso, dejó escapar una oportunidad dorada en el derbi sevillano. Imagina la escena: casi 70.000 aficionados animando desde las gradas, el equipo en una posición privilegiada y un rival que parecía desbordado. Sin embargo, lo que debería haber sido una fiesta se convirtió en un fiasco.
Errores que costaron caro
Todo comenzó con el gol de Antony, que encendió la ilusión en los corazones verdiblancos. Pero en lugar de seguir presionando y manteniendo el dominio, el equipo dio un paso atrás. Se optó por una defensa más conservadora cuando lo lógico era aprovechar la calidad del plantel y mantener la posesión para dejar correr el tiempo a su favor. Y así fue como el Sevilla encontró su camino de regreso al partido.
A partir del descanso, esa defensa se convirtió en una invitación al rival a acercarse más y más a la portería. El Sevilla no tardó en aprovecharse y recortó distancias gracias a un cabezazo de Alexis tras un centro lateral. La estrategia del Betis comenzó a tambalearse; los cambios tácticos del Sevilla hicieron mella en los jugadores verdiblancos, quienes parecían desconectados.
Pellegrini hizo movimientos que no lograron cambiar la dinámica del encuentro. Con solo dos cambios realizados cuando tenía cinco disponibles, muchos nos preguntamos si realmente tenía claro cómo afrontar esta situación crítica. Y es que, tras ver cómo se desenvolvía el partido, las alternativas parecían obvias: reforzar la defensa o darle más control al medio campo para evitar ser superados.
El desenlace fue frustrante: aunque Abde tuvo una buena ocasión y rozó el gol tras encontrarse con el travesaño, ese final no borrará la sensación amarga de haber dejado escapar dos puntos vitales. Al final del día, mientras unos salieron reforzados como es lógico tras este empate, los verdiblancos quedaron tocados emocionalmente.

