El Cádiz está viviendo un momento crítico, una crisis de identidad que ha transformado su lucha por el ascenso en un auténtico peligro real de caer en los puestos de descenso. En las últimas seis jornadas, el equipo solo ha logrado sumar un triste punto de los 18 posibles. La fragilidad defensiva y la falta de gol son preocupantes, algo que no se puede ocultar.
A pesar de que en otros clubes de la Segunda División este panorama habría llevado al cese del entrenador, aquí la directiva ha decidido mantener su confianza en Gaizka Garitano. El técnico vasco está decidido a encontrar ese punto de inflexión en Ipurúa, donde espera que su historia como entrenador tome un nuevo rumbo.
Una estrategia renovada para salvar la situación
Para salir del bache, Garitano tiene que recurrir a su capacidad táctica, tal como hizo el pasado noviembre cuando logró revitalizar al equipo tras otra racha negativa. En esa ocasión, abandonó su esquema habitual y optó por un sistema más directo y vertical, lo que resultó en un resurgimiento con 13 puntos sumados de 18 posibles. Este cambio demostró que sacudir el árbol y simplificar conceptos puede ser clave para recuperar la confianza en un grupo joven y presionado.
Entre las opciones que se manejan para esta “final” contra el Eibar destaca el uso de tres centrales y dos carrileros (1-5-2-1-2), lo cual reforzaría la defensa y permitiría liberar a Suso en mediapunta para crear juego junto a Álvaro García Pascual y Dawda Camara. También se baraja fortalecer el centro del campo con un trivote liderado por Moussa Diakité como ancla. Sea cual sea la decisión final, es claro: el Cádiz CF necesita cambiar inmediatamente si quiere dejar atrás esta deriva y volver a creer en sus posibilidades.

