Pamplona siempre ha sido un lugar complicado para el Real Madrid. Cada temporada, los merengues se enfrentan a la misma historia: un viaje lleno de espinas hacia una ciudad que les ha traído más decepciones que alegrías. La primera derrota del Madrid en tierras navarras data del 30 de septiembre de 1956, y su protagonista no es otro que José Vila, un joven catalán con sueños de grandeza.
Nacido en Alpicat, un pequeño pueblo de Lleida, José parecía destinado a seguir los pasos familiares en el negocio de decoración. Sin embargo, su habilidad con el balón lo llevó a brillar en el mundo del fútbol, siendo descubierto por José Peralta, un entrenador local que vio en él algo especial. “Este chico tiene madera para ser profesional”, le dijo a la familia Vila y así comenzó su travesía.
Un debut inolvidable
Apenas con 20 años y tras pasar por las filas del FC Barcelona, donde tuvo la oportunidad de codearse con leyendas como Kubala y Basora, Vila aterrizó en Osasuna. Fue aquí donde escribió una página dorada en la historia del club y del fútbol español. En aquel lejano septiembre de 1956, los rojillos recibieron al gigante madridista con mucho nervio y determinación.
El ambiente estaba cargado de expectativa cuando el árbitro dio inicio al encuentro. Y ahí estaba Vila; ese día se convirtió en el héroe inesperado al marcar los dos goles que llevaron a Osasuna a su primera victoria contra el Real Madrid. ¡Qué momento! Nadie había logrado tal hazaña antes.
“Ganarle al Madrid no es fácil”, recordó Vila años después con una sonrisa nostálgica. Con cada pase preciso y cada jugada rápida que realizó esa tarde mágica, dejó claro que era un talento único y valiente. Después de ese partido histórico, José siguió su carrera jugando para otros equipos hasta regresar a sus raíces como entrenador.
Aquella jornada marcó no solo la vida deportiva de Vila sino también la historia del fútbol español. Hoy recordamos a este gran jugador como el primer verdugo navarro del Real Madrid y celebramos su legado.”

