El FC Barcelona se encuentra inmerso en una tormenta que parece no tener fin. Con cada jornada, el ruido sobre los arbitrajes se hace más ensordecedor. En la Ciudad Condal, este tema ha copado todas las conversaciones, y lo que empezó como un susurro ahora es un grito desesperado por parte de jugadores, técnicos y aficionados. Como si todo el mundo estuviera dispuesto a dejarse llevar por la marea de críticas hacia los árbitros, la situación ha escalado sin control.
Protestas que oscurecen el verdadero problema
Todo comenzó tras el controvertido arbitraje de Martínez Munuera en la semifinal de Copa frente al Atlético de Madrid. La anulación del gol de Cubarsí encendió la chispa, y las decisiones tomadas durante ese partido generaron un revuelo que nadie había anticipado. Tanto así que Flick, el entrenador, rompió su habitual silencio para discutir con el árbitro después del encuentro; una acción que refleja una inquietud palpable dentro del vestuario.
No contentos con eso, desde el club decidieron enviar una carta a Rafael Louzán expresando su descontento por lo que consideran errores arbitrales sistemáticos. En ella, dejaron claro que los criterios aplicados son dispares y siempre parecen favorecer a otros equipos. Sin embargo, esta respuesta no fue bien recibida: justo después vino un penalti dudoso señalado al Real Madrid y designaciones de árbitros con los que ya tenían experiencias negativas.
A lo largo de toda esta temporada, hemos visto cómo las protestas se han convertido en un tema recurrente. Desde Laporta hasta Raphinha han levantado la voz contra lo que perciben como injusticias arbitrales. Pero aquí hay algo importante a tener en cuenta: ¿no sería mejor enfocar esa energía en solucionar los problemas internos del equipo?
A pesar de los problemas evidentes —una defensa vulnerable y una falta alarmante de efectividad— parece que se prefiere hablar del VAR antes que asumir responsabilidades en el campo. Las bajas de jugadores clave como Raphinha o Pedri son notorias; su ausencia deja al equipo desdibujado y perdido.
Así pues, mientras nosotros nos desgastamos discutiendo sobre si hubo o no penalti, debería ser prioritario encontrar soluciones reales para regresar a lo más alto. Porque sí, puede haber errores arbitrales… pero ¿qué pasa cuando echamos balones fuera? Es hora de centrarse en lo verdaderamente importante.

