En el corazón de Sevilla, la figura de Matías Almeyda no deja a nadie indiferente. Desde que llegó al banquillo del Sevilla, las opiniones sobre su estilo de juego han sido un tema candente. Su enfoque valiente y vertical ha generado tanto admiradores como críticos. En cada entrenamiento, se respira esa tensión entre lo que se espera y lo que realmente se ve en el campo.
La búsqueda constante de equilibrio
A medida que transcurren las semanas, los rivales parecen haber encontrado la forma de explotar los errores defensivos del equipo. Almeyda, sin embargo, se niega a rendirse. “Tratamos de modificar sistemas, movimientos y presiones; vamos en esa búsqueda”, explica el técnico antes del enfrentamiento contra el Girona. Se nota que está dispuesto a experimentar: ha cambiado tácticas desde un 4-2-3-1 hasta un 5-3-2, intentando adaptarse a las necesidades del momento.
A pesar de las críticas sobre su sistema defensivo y la presión alta que intenta implementar, Almeyda defiende sus métodos con firmeza. “Marcar al hombre es uno contra uno en todo el terreno del juego y no lo estamos haciendo aquí”, afirma tras un empate con el Girona. Es claro: él busca un enfoque más dinámico donde cada jugador tenga libertad para moverse estratégicamente.
En algunos encuentros ha utilizado marcajes individuales exitosos, como en la victoria ante el Barcelona, pero también reconoce que cada partido es una historia diferente. “Si pregunto cómo fue la presión ayer o hoy, obtendré respuestas distintas porque estudio”, dice con una mezcla de frustración y determinación. Almeyda está consciente de que este camino puede llevarle tanto al éxito como al fracaso: “Si soy malo, me echarán”.

