Dro Fernández, el joven talento gallego que ha dejado huella en La Masía y ahora se embarca en una nueva aventura con el PSG hasta 2030, no solo carga con su prometedora carrera futbolística. Su historia está marcada por un dramático episodio familiar que ocurrió mucho antes de que él naciera. El 31 de enero de 1992, su padre, Pedro, fue uno de los pocos supervivientes de un horroroso crimen en Nigrán, donde dos policías asesinaron a cuatro personas: sus abuelos y su tía.
Un pasado aterrador
La trágica jornada comenzó como cualquier otra, pero rápidamente se tornó en una pesadilla. Manuel Lorenzo y Jesús Vela, uniformados y armados, entraron al chalé buscando secuestrar a David Fernández y Pilar Sanromán para robarles. Mientras tanto, dos de sus hijos lograron escapar entre el caos; uno de ellos era Pedro, quien cargaría para siempre con la herida abierta del asesinato brutal de su familia.
Años más tarde, las autoridades encontraron culpables a esos policías corruptos y les impusieron penas que sumaban más de dos siglos tras las rejas. Sin embargo, la justicia parece haber jugado una carta cruel cuando, en 2013, estos hombres recuperaron su libertad gracias a la derogación de la doctrina Parot.
El nacimiento de Dro en 2008 trajo consigo un nuevo capítulo para esta familia marcada por el sufrimiento. Hoy, mientras el joven futbolista brilla en el campo y enfrenta nuevos retos deportivos lejos del Barcelona donde creció desde los 14 años, también lleva consigo una historia familiar que pesa como una losa. Un recordatorio constante del precio que algunos han tenido que pagar por un mundo lleno de sangre y dinero.

