El Municipal de Barreiro fue testigo de un auténtico espectáculo futbolístico, donde el Celta Fortuna y el Zamora firmaron un vibrante 3-3. Un partido que lo tuvo todo: penaltis, remontadas y hasta una expulsión que dejó a los aficionados al borde del asiento. Y es que cuando parecía que la derrota acechaba al equipo local, Álvaro Marín emergió como un héroe inesperado en el minuto 90+9.
Un duelo de locura y emociones
La primera parte comenzó con fuerza para los celestes, quienes se pusieron 2-0 gracias a los goles de Meixús y Anxo. Sin embargo, el Zamora no se dio por vencido y logró igualar la contienda. Carbonell marcó para acercar a su equipo antes del descanso, dejando claro que aún había mucha guerra por delante. En un abrir y cerrar de ojos, Kike Márquez puso el 2-3 para los visitantes, y la afición local sintió cómo el optimismo se desvanecía.
Pero ahí no terminó la historia. Con uno menos tras la roja directa a Óscar Marcos, todo parecía perdido hasta que apareció Marín. En una jugada brillante orquestada por David De la Iglesia, este último sirvió un pase magistral que permitió a Marín marcar ese gol salvador en el instante más crítico del encuentro. La explosión de alegría en las gradas fue indescriptible; era como si toda Vigo respirara al unísono después de ese tanto.
A pesar de las dificultades y del desgaste físico tras quedarse con diez jugadores, el Celta B nunca perdió la fe ni dejó de atacar. Los cambios realizados por Alfredo Álvarez Paredes resultaron cruciales; Marín no solo justificó su entrada desde el banquillo sino que encarnó esa lucha incesante del equipo celeste.
En definitiva, este empate sabe a victoria para los locales porque refleja la esencia del deporte: nunca rendirse. Mientras tanto, para los zamoranos queda ese sabor amargo de lo que pudo haber sido…

