Newcastle y Bournemouth protagonizaron un duelo electrizante en la FA Cup que tuvo a todos al borde del asiento. El equipo de Andoni Iraola parecía tenerlo todo bajo control, ganando 1-2 en el minuto 93, cuando, en una jugada inesperada, el Newcastle logró empatar y forzar la prórroga. El corazón de los aficionados ‘cherries’ latía con fuerza mientras su equipo luchaba por mantenerse a flote.
Una montaña rusa emocional
El partido comenzó con un Bournemouth decidido, rompiendo una racha de once partidos sin ganar tras vencer al Tottenham apenas unos días antes. La esperanza brillaba con fuerza después de que Alex Scott y David Brooks pusieran al equipo por delante tras un espectacular pase exterior de Nick Woltemade. Sin embargo, todo cambió cuando Djordje Petrovic, el portero que ha estado bajo la lupa, cometió un penalti que permitió a Anthony Gordon empatar y llevar el partido a la prórroga.
A lo largo del tiempo extra, el Bournemouth mostró más garra y tuvo las mejores oportunidades para marcar. Pero fue otra vez Harvey Barnes, quien con un cabezazo puso en ventaja al Newcastle. En un giro dramático digno del mejor guion futbolístico, en los últimos instantes del encuentro, una jugada desafortunada permitió a Marcus Tavernier igualar nuevamente y así forzar la tanda de penaltis.
A pesar de comenzar esta última fase con ventaja, el destino no estaba del lado del Bournemouth. Aaron Ramsdale, guardameta rival, se erigió como héroe atajando tres penaltis y dejando fuera al Bournemouth en una tarde que prometía ser histórica. Con este desenlace tan amargo, los ‘cherries’ deberán levantarse y seguir luchando porque así es el fútbol; impredecible pero siempre emocionante.

