Cuando Carlos Herrera clamaba por un cambio en la Supercopa de España, lo hacía con razón. Esa idea que surgió entre Rubiales y Gerard Piqué ha terminado siendo un mero espectáculo vacío. La final, celebrada en el lujoso Estadio King Abdullah de Jeddah, dejó un regusto a frustración y desinterés.
¿Dónde está el beneficio?
Nos dicen que este torneo tiene un impacto económico enorme para el fútbol español, pero aquí estamos, con los mismos problemas de siempre: campos deteriorados, infraestructuras ausentes y equipos sin recursos. ¿De qué sirve llenar las arcas si al final tiramos a la basura lo que realmente importa? Nos sentimos alejados del fútbol auténtico, ese que se juega en nuestras calles y en nuestros corazones. Mientras tanto, seguimos esperando algo más significativo de esta Supercopa irrelevante.

