La historia de Xabi Alonso en el banquillo del Real Madrid es como una montaña rusa, llena de subidas y bajadas que nos mantienen al borde del asiento. Desde la jornada 14, este entrenador ha estado viviendo una serie de partidos que parecen finales, donde cada encuentro no solo cuenta puntos, sino que va formando el destino de un equipo que lucha por encontrar su identidad.
Una travesía llena de altibajos
Todo comenzó con un tropiezo en Girona, donde el Madrid se vio acorralado ante un muro defensivo. Aunque lograron empatar gracias a un penalti transformado por Mbappé, la sensación era clara: algo no estaba bien. Tres empates consecutivos les costaron el liderato frente al Barça y dejaron una nube gris sobre el equipo.
Poco después llegó la visita a Bilbao, donde San Mamés se convirtió en el escenario perfecto para demostrar que los blancos aún podían recuperar su esencia. Vencieron con claridad por 0-3 gracias a otra actuación sobresaliente de Mbappé y las paradas milagrosas de Courtois. Sin embargo, la alegría fue efímera; un Celta desafiante asaltó el Bernabéu y dejó a los madridistas con más preguntas que respuestas.
El Manchester City también pasó por la capital y aunque hubo destellos de mejoría en la actitud del equipo, lo cierto es que sin Mbappé apenas lograron materializar esas ganas en goles. Fue otro golpe duro para Xabi y sus chicos.
Luego vino el partido contra el Alavés, donde Xabi alineó a “once guerreros” dispuestos a todo. Y vaya si lo hicieron; salieron victoriosos gracias al dominio total en ambos lados del campo. Pero ya sabemos cómo son estas cosas: cuando parece que todo está bien, aparece otro rival dispuesto a ponerlo todo patas arriba.
Así llegamos al final del año. Un último encuentro contra Sevilla dejó más dudas que certezas. Aunque se logró una victoria más, las caras largas y los gestos preocupados fueron protagonistas esa noche. Vinicius salió del campo entre pitos y gritos de frustración desde la grada; ¿qué pasará ahora? Xabi entra al nuevo año cargando las cenizas del pasado pero con la esperanza viva de renacer entre desafíos constantes. Con dos batallas cruciales a la vista -el Betis y la Supercopa- queda claro: este proyecto está lejos de concluirse.

