Hoy nos despertamos con una triste noticia: Carles Vilarrubí, exvicepresidente del FC Barcelona, ha fallecido. Su trayectoria en el club y en la vida pública de Catalunya ha dejado una huella imborrable, no solo en el ámbito deportivo, sino también en la política y la comunicación. Desde joven estuvo vinculado al Barça, incluso como portero del equipo de hockey sobre hielo. Era uno de esos personajes que parecían destinados a estar siempre presentes en la historia del club.
Un hombre de puentes y consenso
A lo largo de su vida, Vilarrubí fue mucho más que un directivo; fue un hombre que supo construir puentes. Durante su tiempo en la junta directiva bajo los mandatos de Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu, se convirtió en una voz respetada y escuchada. Sin embargo, su compromiso con sus principios le llevó a dimitir en octubre de 2017, cuando el club decidió jugar un partido crucial mientras Cataluña vivía momentos tensos por el referéndum.
Pero su legado no se limita al fútbol. Conocido por su cercanía con figuras como Jordi Pujol, participó activamente en la creación de Catalunya Ràdio y fue parte fundamental de proyectos mediáticos como RAC1. Y es que Vilarrubí siempre creía firmemente que cada conversación era una oportunidad para unir fuerzas.
En los últimos años, su pasión por la gastronomía catalana brilló intensamente. Desde 2016 presidía la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició, donde defendió fervientemente tanto a los grandes chefs como a los pequeños productores locales. «Comer es uno de los actos más trascendentes y humanos que realizamos», solía decir con convicción.
Pese a ser empresario exitoso –dirigiendo el CVC Grupo Consejeros– y recibir reconocimientos como la Creu de Sant Jordi por su labor constructiva en tiempos difíciles para Catalunya, lo que realmente dejaba huella era su elegancia y capacidad para dialogar. Casado con Sol Daurella y padre de tres hijos, hoy nos deja un vacío enorme tanto en el barcelonismo como en nuestra sociedad.

