Era un 25 de diciembre de 1956 cuando el Real Madrid hizo historia al enfrentarse al Partizán de Belgrado en la ida de los cuartos de final de la Copa de Europa. Lo que hoy nos parecería impensable, un partido de Champions durante las fiestas navideñas, fue una realidad hace ya 70 años. En aquel entonces, el torneo se jugaba en fechas dispares, esparcidas entre noviembre y enero, lo que daba lugar a situaciones tan peculiares como esta.
Después de eliminar al Servette, el sorteo emparejó a los merengues con uno de los grandes equipos europeos del momento. La Junta Directiva del club decidió que el partido se disputara en Navidad, una decisión que dejó a muchos boquiabiertos. «Definitivamente será el 25», dijeron sin dudarlo. Los jugadores del Partizán llegarían a Madrid dos días antes y estarían aquí solo tres días; justo lo necesario para jugar y regresar.
Un ambiente festivo pero tenso
Esa Nochebuena, mientras muchos celebraban con sus familias, los jugadores del Madrid se concentraban en El Escorial. El entrenador Villalonga eligió a dieciséis futbolistas y juntos cenaron lejos del calor familiar. Para mitigar la soledad festiva, la directiva decidió invitar también a las familias al banquete tras el partido.
Aquellos chicos del Partizán llegaron exhaustos después de un largo viaje en tren desde Belgrado y estaban listos para enfrentarse al gigante español. A pesar del temor palpable por la calidad rival y la fecha inusual, las gradas del Bernabéu se llenaron hasta los topes. Era solo el segundo encuentro en casa para una competición recién nacida y todos querían ser testigos.
Y vaya si valió la pena: el Madrid salió como un torbellino. Con dos goles tempraneros de Castaño y otro par más tarde, uno incluso con firma de Di Stéfano, sentenciaron un claro 4-0 ante unos rivales que no supieron qué les pasó. «Es el mejor equipo que he visto en años», dijo con orgullo su presidente tras aquella contundente victoria.
La noche continuó con una cena oficial llena de autoridades donde Bernabéu agradeció públicamente a sus rivales por su deportividad. Un gesto elegante que marcó la diferencia entre competidores dentro del terreno y amigos fuera de él.
Aquel día quedó grabado no solo por el fútbol vivido sino también por ser un capítulo donde se mezclaron tradición y pasión en torno a este deporte que nos enamora cada día más.

