El pasado sábado, en el estadio RCDE, justo antes de que comenzara el emocionante partido entre el Espanyol y el Atlético de Madrid, se vivió un momento tenso. Una pancarta que iba dirigida al árbitro Carlos Del Cerro Grande fue requisada por las autoridades. Esta acción no solo dejó a muchos con la sensación de que se había cruzado una línea, sino que también encendió un debate sobre los límites del apoyo y la crítica en el fútbol.
La polémica en la previa del partido
El árbitro madrileño había sido muy cuestionado tras su actuación en el VAR durante un encuentro anterior entre Mallorca y el Espanyol, donde muchos consideran que los pericos fueron perjudicados. Ante esta situación, algunos aficionados decidieron manifestar su descontento con una pancarta que mostraba una imagen distorsionada de Del Cerro, acompañada del juego de palabras «Del Cerdo». Pero al final, ni siquiera llegó a ver la luz dentro del estadio.
Las autoridades tomaron cartas en el asunto, actuando bajo las normativas contra la violencia y las incitaciones al odio. Así que esa pancarta fue retirada antes de ser exhibida. No obstante, esto generó reacciones inmediatas: hoy los árbitros han expresado su rechazo hacia este tipo de actitudes y han pedido al Consejo Superior de Deportes (CSD) que actúe para erradicar conductas violentas.
José Manuel Rodríguez Uribes, presidente del CSD, compartió su postura a través de redes sociales: «La crítica es parte del juego, pero nunca puede justificarse la violencia». También adelantó que tendría reuniones con los representantes arbitrales para abordar estos temas tan delicados.
A primera hora de esta tarde, el Espanyol emitió un comunicado claro y contundente: condenan cualquier acto o mensaje que incite a la violencia en el deporte. Desde el club afirman que esta pancarta traspasa los límites tanto deportivos como personales hacia uno de sus árbitros. Además, aseguraron mantener una colaboración estrecha con los Mossos d’Esquadra para aclarar lo sucedido.