El clima está cargado de tensión. Se acerca el partido entre Venezuela y Perú, programado para el 25 de marzo en Maturín, y la polémica ya está servida. La FIFA ha decidido que el árbitro chileno Cristián Garay sea quien dirija este crucial encuentro, una elección que no ha dejado a nadie indiferente.
Con la selección venezolana buscando urgentemente volver a la senda de la victoria, esta decisión ha desatado críticas entre los aficionados y expertos. El seleccionador venezolano, Fernando Batista, no se corta al calificar este choque como una «final importantísima» para las aspiraciones mundialistas de la Vinotinto. No es para menos; tras nueve partidos sin ganar, cada minuto cuenta.
Un arbitraje delicado en tiempos difíciles
La designación de Garay ha levantado ampollas. Algunos ven en ello un conflicto de intereses, dado que Chile es un rival directo por esos preciados puestos clasificatorios. ¿Es realmente la mejor opción tener a un árbitro de una nación competidora? La afición se pregunta si esto podría influir en el desarrollo del juego.
El encuentro promete ser intenso, disputándose en el estadio Monumental a la 01:00 (hora española). La Vinotinto tiene ante sí cinco jornadas decisivas donde se enfrentará también a selecciones como Bolivia y Uruguay. Así que sí, estamos ante una verdadera prueba de fuego.
A pesar de los altibajos recientes, hay destellos de esperanza: Venezuela ha logrado algunos resultados positivos que le mantienen aún en la pelea por clasificar al Mundial 2026. Sin embargo, con tantas emociones a flor de piel y una presión palpable en cada rincón del campo, todos nos preguntamos: ¿será este el momento para cambiar el rumbo?