Gerard Piqué, el exjugador del FC Barcelona, ha estado en el ojo del huracán tras su declaración ante la juez en el Juzgado de Instrucción número 4 de Majadahonda. Con lágrimas en los ojos, se defendió y aseguró que las comisiones que recibió por llevar la Supercopa de España a Arabia Saudí son completamente legales. En un intento por limpiar su nombre, Piqué también negó con vehemencia haber recibido dinero de la RFEF.
Un golpe duro para su reputación
Durante su comparecencia, Piqué insistió en que siempre actuó como representante de Arabia Saudí y no de la RFEF, argumentando que eso lo exime de cualquier incompatibilidad. Pero más allá de las justificaciones legales, lo que realmente le dolía era el daño a su imagen personal; ese deterioro reputacional parece irreversible. En un momento emotivo, se echó a llorar y dejó claro que nadie podrá compensarle por este sufrimiento.
Aún así, no pudo evitar señalar una ironía amarga: “En otros países me habrían homenajeado por conseguir tantos ingresos para la RFEF”, lamentó. Sin embargo, aquí en España ha terminado inmerso en un proceso penal. La situación es compleja y deja ver cómo las decisiones deportivas pueden convertirse rápidamente en dramas personales.