La situación no puede ser más complicada para el Espanyol. El Comité de Competición ha decidido que el partido aplazado contra el Villarreal se jugará el 9 de abril, pero lo que realmente preocupa a los blanquiazules es el calendario que se les avecina. En apenas una semana, tendrán que afrontar tres encuentros seguidos fuera de casa, y esto ya suena a locura.
¿Cómo se le ocurre a alguien diseñar un calendario así? La decisión ha dejado mal sabor de boca tanto en el Espanyol como en el Villarreal, que incluso están considerando presentar alegaciones. Todo empezó cuando la alerta roja por temporal obligó a aplazar este crucial enfrentamiento. Ahora, con la nueva fecha fijada, Manolo González y su equipo tienen una montaña que escalar.
Un reto monumental
A partir del fin de semana del 6 de abril, cuando visiten al Rayo en Vallecas, la cosa se complica aún más. Una semana después, tendrán que medirse al Celta en Balaídos. Pero aquí está lo peor: entre estos dos partidos deberán jugar contra el Villarreal en un periodo de tiempo tan corto y lleno de viajes, que las posibilidades de preparar cada encuentro como es debido son mínimas.
No hay duda de que este calendario es un auténtico quebradero de cabeza. Sin días para descansar ni entrenar adecuadamente, el Espanyol deberá hacerse fuerte como visitante. Algo que ya sabemos les ha costado mucho durante la primera vuelta, aunque han mostrado mejoría en esta segunda parte del campeonato.
Pese a todo esto, queda claro: cada punto cuenta y este equipo debe luchar con uñas y dientes si quiere salir adelante. La afición estará ahí apoyando, porque eso es lo único seguro en medio del caos.