Jorge Valdano, conocido por su paso como futbolista y entrenador, se ha convertido en una voz crítica que une la literatura con el mundo del fútbol. Durante una charla en el Instituto Cervantes de Madrid junto al poeta Luis García Montero, reflexionó sobre cómo el deporte rey está siendo manipulado por intereses económicos que amenazan su esencia.
La conexión entre pasión y negocio
En esta conversación tan rica, Valdano no dudó en rendirse ante la grandeza de Messi y Maradona, recordando su propia experiencia en el Mundial de México 86. Pero también alertó sobre los peligros que acechan al fútbol actual: “Los ricos han entrado a saco, y lo están cambiando todo”, decía con preocupación. Se refería al aumento de clubes convertidos en sociedades anónimas, donde muchos propietarios parecen más interesados en hacer dinero que en preservar la magia del juego.
El comentarista también analizó las tensiones entre aficionados y hinchas, planteando que hay dos maneras de vivir el fútbol: amarlo o amar a un equipo. Y aquí viene lo interesante; esa pasión puede nublar nuestro juicio. “Un aficionado del Real Madrid tiene serios problemas para reconocer a Messi como un genio”, explicaba Valdano, evidenciando cómo esa rivalidad impide disfrutar de la belleza del juego.
Casi sin quererlo, tocó otro tema espinoso: el VAR y los errores arbitrales. “Ahora parece que hay una conspiración detrás de cada decisión”, lamentó, señalando cómo la introducción de la tecnología no ha hecho más que complicar aún más las cosas. Para él, esto es parte de un proyecto más amplio que apunta a convertir el fútbol en algo trivial.
A pesar de todo esto, Valdano mantiene una chispa de esperanza. Cree firmemente que los verdaderos hinchas son los últimos guardianes del juego. Recordaba cómo fue gracias a ellos que se frenó la idea de la Superliga en Inglaterra; esos aficionados todavía tienen voz y voto.
Al final del coloquio, dejó una reflexión profunda sobre la identidad generada por un equipo: “Mis tres nietos son del Athletic de Bilbao. Intento corromperlos con camisetas firmadas por grandes jugadores pero no hay manera; nacieron siendo bilbaínos”. Así nos recordó Valdano que aunque cambien los dueños y se multipliquen los negocios, la esencia del fútbol sigue viva siempre que haya pasión y amor por el juego.