Era febrero de 1977, un mes que se grabaría a fuego en la memoria de todos los amantes del fútbol. En el Camp Nou, un estadio vibrante y lleno de pasión, Johan Cruyff, uno de los más grandes mitos del deporte rey, se enfrentaba al Málaga. Todo parecía ir bien para el Barcelona, líder en ese momento, con Cruyff brillando en el terreno de juego. Pero lo que comenzó como un partido normal pronto se transformaría en un verdadero caos.
El estallido del conflicto
Con el marcador a favor del Barça y la afición disfrutando cada jugada, la tensión empezó a escalar tras algunas decisiones arbitrales dudosas. En una jugada desafortunada, Melero Guaza, el árbitro designado para esa jornada, decidió mostrarle la tarjeta roja a Cruyff tras unas protestas por un penalti no señalado. La reacción fue explosiva; aficionados invadieron el campo mientras otros agredían al árbitro. El descontrol era tal que hasta una furgoneta de TVE terminó ardiendo fuera del estadio.
Pero eso no fue todo. Dentro del campo, Melero dejó constancia en su acta: «El jugador me dijo ‘árbitro, eres un hijo de la gran puta'». Sin embargo, Cruyff defendía su inocencia argumentando que había hablado en holandés y no en español. “¡Si yo estuviera enfadado habría insultado en mi idioma!”, decía con incredulidad.
A medida que las repercusiones crecían y los medios comenzaban a recoger lo sucedido como si fuera un escándalo político —algo habitual en aquellos días convulsos— la figura de Melero se convertía rápidamente en objeto de burla y desprecio entre muchos aficionados.
A partir de ahí todo fue una bola de nieve: sanciones temporales, declaraciones cruzadas y amenazas anónimas a futbolistas rivales comenzaron a llenar las páginas deportivas. Mientras tanto, Cruyff seguía insistiendo que al fútbol se juega hablando y gesticulando, no pegando patadas o agrediendo.
No pasó mucho tiempo antes de que Melero decidiera dimitir tras recibir tantas críticas e incluso amenazas por parte de hinchas furiosos. Mientras tanto, el Barça seguía luchando sin su estrella y sufriendo las consecuencias de aquella tarde fatídica.
En resumen, esta historia nos recuerda cómo una simple tarjeta roja puede desencadenar una serie incontrolable de eventos que cambian vidas para siempre; aunque también nos muestra cómo cada acción tiene su reacción dentro y fuera del campo.