La situación del Tenerife es un auténtico torbellino. Con el equipo a punto de partir hacia Málaga, Álvaro Cervera se enfrenta a una plantilla diezmada y con un clima institucional que no ayuda en nada. Paulino Rivero ha dimitido como presidente y nos preguntamos: ¿y ahora qué? La incertidumbre se cierne sobre el club, justo cuando los blanquiazules están penúltimos en la tabla y alejados de la zona de salvación.
¿Un viernes maldito?
Cervera sabe que cada mañana es un reto: tiene que convencer a sus jugadores de que aún hay esperanza. “Quizá me tomen por loco”, dice con sinceridad, mientras gesticula nervioso. Pero la realidad es dura; no podrá contar con figuras clave como Aitor Sanz o Fabio González. Y para colmo, los partidos en viernes nunca han sido amigos del Tenerife: solo han ganado cuatro de 26 encuentros jugados ese día desde hace más de tres años.
Con este panorama desolador, el Tenerife busca su primera victoria fuera de casa esta temporada. Llevan 13 intentos sin éxito y solo han logrado un punto de 15 posibles en sus últimas salidas. El técnico lo tiene claro; la última derrota ante el Córdoba fue un golpe duro, pero eso no significa rendirse.
Cervera, que siente el club como su hogar y conoce bien a su gente, deja entrever su disposición a quedarse incluso si las cosas van mal. “Si piensan que mi continuidad puede ser beneficiosa, bien,” asegura. Así estamos, aferrados a la esperanza mientras la adversidad parece haber hecho su hogar en el Heliodoro.