En una noche para el recuerdo, el Bernabéu se convirtió en un auténtico templo del fútbol. El Real Madrid, con un despliegue de talento y garra, dejó claro quién manda en Europa al vencer 3-0 al Manchester City. Con un guiño a Pep Guardiola que resonó entre los aficionados: «Guardiola, quédate». Porque lo cierto es que este City tenía más bien pocas opciones de avanzar en la Champions.
Una lección magistral de fútbol
No hay otro modo de describir lo que sucedió en el terreno de juego. El Madrid se mostró superior en cada rincón del campo: con balón, sin balón, en ataque, defensa… ¡en todo! La diferencia fue tan abismal que parece casi un milagro que no cayeran más goles. La única dificultad pareció ser subir las escaleras hacia el vestuario después de una paliza histórica.
Y hablemos del fenómeno Mbappé. Este chico hizo magia bajo las luces del Bernabéu, anotando tres goles que dejaron a todos boquiabiertos: desde una vaselina digna de los mejores hasta un disparo preciso como un reloj suizo. Una actuación para recordar, como llevábamos tiempo esperando los madridistas.
No obstante, sería injusto pensar que él fue el único protagonista. Asencio brilló con luz propia, mostrando confianza y calidad en cada jugada. Ceballos también dio un paso adelante, controlando el centro del campo como si fuese su salón. Juntos formaron parte de una máquina bien aceitada que avanza firme hacia lo mejor de la temporada.
Ayer fue más que un partido; fue una declaración de intenciones. El Madrid vuelve a estar aquí, y esta vez con ganas de arrasar.