En el mundo del fútbol, donde las emociones están a flor de piel, los árbitros de Primera y Segunda división se encuentran en una situación crítica. Sienten que están solos, como si fueran los villanos de una historia que nadie quiere escuchar. Aunque hace poco participaron en una reunión con clubes y federaciones, la realidad es que se sienten más señalados que nunca. Es como si todo el peso de la culpa cayera sobre ellos.
Una presión insoportable
Las amenazas han comenzado a llegar no solo para ellos, sino también para sus familias. Un hecho alarmante que ha encendido todas las alarmas. Aunque durante un tiempo consideraron hacer algún gesto de protesta tras la reunión, la calma fue efímera; solo han pasado dos jornadas para que esa idea vuelva a cobrar fuerza. La soledad en la que viven es cada vez más opresiva.
Rafael Louzán, presidente de la Federación, observa cómo lo que parecía un problema manejable al inicio de su mandato se ha transformado en una urgencia casi desesperada. La presión desde los clubes crece día a día y ya no solo se trata del Real Madrid; este fin de semana quedó claro que todos están involucrados.
Desde la Ciudad del Fútbol, hay un clamor por actuar con urgencia y poner en marcha esa famosa comisión prometida para buscar soluciones. El diálogo reciente con el Real Madrid se ve como un rayo de esperanza tras meses de tensión. Sin embargo, Louzán sabe bien que cualquier cambio estructural es complicado en medio de la temporada actual.
El panorama está lejos de ser ideal y el colectivo arbitral sigue enfrentando un ambiente hostil. Lo único claro es que algo debe hacerse pronto; su voz merece ser escuchada antes de que decidan tirar la toalla o lanzar un mensaje contundente al mundo del fútbol.