En un momento en el que las esperanzas de los aficionados están por los suelos, Las Palmas ha tenido un comienzo de año para olvidar. Desde la derrota ante el Mallorca, nuestro equipo se encuentra en una situación crítica: somos el único club de Primera que aún no ha logrado sumar una victoria en 2025. Solo hemos conseguido rasguñar un punto en seis partidos. Y lo más preocupante es que ese desplome en rendimiento ha dejado atrás la solidez defensiva que Diego Martínez había conseguido instaurar.
La fragilidad a la vista
El panorama actual es desolador. Antes éramos conocidos como un equipo rocoso, difícil de batir; ahora nos estamos convirtiendo en un auténtico azucarillo, derritiéndonos ante cualquier adversidad. El problema radica claramente en la retaguardia, especialmente cuando se trata de defender centros laterales. De los 14 goles encajados hasta ahora este año, ¡11 han llegado tras esos temidos centros! Si miramos hacia atrás, veremos cómo Mallorca se aprovechó de nuestra debilidad con tres goles similares: remates dentro del área pequeña y sin marca.
Pero esto no es algo nuevo. Los recientes partidos contra Villarreal y Girona también expusieron nuestra vulnerabilidad por las alas. Como bien apuntó Viti tras el último encuentro: «Dimos demasiadas facilidades al Mallorca». Un comentario que muchos compartimos; cuando encajamos goles tan fácilmente, ganar se convierte en una misión casi imposible.
A medida que nos preparamos para enfrentar al Barça este sábado, todos nos preguntamos si habremos aprendido la lección o si seguiremos tirando a la basura nuestras oportunidades con una defensa tan endeble. Diego Martínez dice tener claro el problema, pero nosotros necesitamos ver resultados pronto.