Hace ya quince años, un 10 de abril de 2011, la ciudad rusa de Ekaterimburgo fue testigo de un momento que marcaría un antes y un después en el baloncesto femenino. Alba Torrens, la joven jugadora mallorquina del Halcón Avenida, se presentó ante el viejo continente como una auténtica estrella. Con apenas 21 años, deslumbró al mundo con su talento durante la Final a Cuatro de la Euroliga femenina, donde su actuación le valió ser nombrada MVP y llevar a su equipo a conquistar un título histórico.
Un hito inolvidable para el baloncesto español
Bajo las órdenes del gran Lucas Mondelo, aquel equipo irrepetible que contaba con figuras como Silvia Domínguez y Sancho Lyttle, hizo historia superando en semifinales al potente Ros Casares y derrotando en una emocionante final al Spartak de Moscú por 68-59. Este triunfo no solo significó el primero de sus seis títulos europeos; también fue el momento en que Alba emergió como figura clave en el deporte español.
No podemos olvidar cómo Salamanca se volcó en las calles para celebrar este logro monumental. Era más que un simple partido; era una victoria que resonaría durante años y dejaría una huella imborrable en el palmarés de Alba. Desde aquel entonces, ella ha seguido rompiendo barreras y ganando reconocimientos, incluyendo cuatro Euroligas más con equipos como Galatasaray y UMMC Ekaterimburgo.
A pesar de sus éxitos internacionales y ser olímpica desde Pekín 2008, su corazón siempre ha estado ligado a Mallorca, donde todo comenzó. Ahora, con 36 años y tras haber escrito tantas páginas gloriosas en su carrera, Alba sigue siendo un símbolo vivo del baloncesto femenino. Su historia es un recordatorio constante de lo lejos que puede llegar el talento cuando se combina con pasión y dedicación.

