Sucesos

El colapso inesperado del puente de la vía de cintura: una historia que pudo ser trágica

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Era un día cualquiera en Palma, el 23 de agosto de 1990, cuando un simple test de resistencia se tornó en un verdadero caos. Lo que debía ser una prueba rutinaria para uno de los puentes más importantes de la vía de cintura acabó por convertirse en una pesadilla. Cinco camiones se alzaron sobre la estructura, y en cuestión de segundos, el desastre se desató: el puente se hundió y los vehículos cayeron al túnel.

Un estruendo que resonó en toda la ciudad

El ruido fue ensordecedor. Los ecos del colapso viajaron desde Son Rapinya hasta las barriadas cercanas, haciendo que muchos temieran lo peor. La constructora Agroman había realizado varias pruebas sin inconvenientes previos, pero cuando esos camiones se posaron sobre el sexto tramo, lo impensable sucedió. Un crujido seco precedió a la caída; el tablero no resistió y todo se vino abajo en medio de una nube espesa de polvo.

A pesar del desastre visual con cabinas destrozadas y escombros por doquier, la suerte estuvo del lado de los involucrados. Los conductores lograron salir entre los restos; algunos fueron auxiliados por operarios que estaban cerca. Onofre Barceló Gomila y Miguel Socías Soler, dos hombres que vivieron para contar su historia, resultaron heridos graves pero sobrevivieron milagrosamente. Un tercer camionero también sufrió contusiones menores y recibió el alta rápidamente.

No hubo muertes que lamentar, pero la imagen del accidente fue inmediata fodder para conversaciones en cada rincón de Palma. Se supo además que seis trabajadores estaban bajo el puente en ese momento; ellos también escaparon por poco. Las primeras investigaciones apuntaban a fallos técnicos en los apoyos o errores en los cálculos estructurales.

Las críticas hacia la empresa constructora comenzaron a llover como si fueran parte del mismo polvo levantado por el colapso. Con este incidente, las obras sufrieron retrasos significativos, prolongando la inauguración total hasta bien entrado 1992. Una cicatriz quedó marcada tanto física como emocionalmente: ¿qué habría pasado si esto ocurre con coches particulares circulando?

El presidente del Govern Gabriel Cañellas no tardó en llegar al lugar para conocer la situación y visitar a los heridos en el hospital. Otros altos funcionarios también acudieron para entender qué había sucedido realmente; ingenieros especialistas serían llamados a esclarecer las causas detrás del hundimiento.

Aquel día oscuro dejó claro algo: pudimos haber estado hablando de una tragedia monumental. “Los chóferes volvieron a nacer”, recordaba recientemente un veterano policía local presente aquel día mientras reflexionaba sobre cómo un simple test podría haberse convertido en un escenario fatal.

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