En una sala de la Audiencia de Palma, se vivió un momento tenso este lunes. Una víctima que había denunciado a su expareja por malos tratos y agresión sexual decidió dar un giro inesperado a su historia. Frente al tribunal, sorprendió a todos al retractarse sobre el segundo delito que había señalado en su denuncia. El hombre, actualmente tras las rejas, se enfrenta a una escalofriante petición de 19 años de cárcel por parte de la Fiscalía.
«Él me pegó, pero no hubo agresión sexual; no sabía que le iban a pedir tantos años de cárcel», confesó la mujer, dejando claro lo confusa que ha sido esta situación para ella. Sin embargo, la acusación pública no ha aflojado el pulso y mantiene firme su solicitud de pena para el colombiano procesado.
Un perdón inesperado
Poco antes del juicio, el acusado entregó una carta escrita por la denunciante mientras él estaba en prisión. En ella, ella pedía disculpas por haberle atribuido esos hechos tan graves. «Espero estar a tiempo de resolver esta cagada y que me puedas perdonar», decía en un tono que mezcla arrepentimiento y desesperación.
A pesar del arrepentimiento mostrado en sus palabras, el Ministerio Público está considerando si la mujer podría haber incurrido en un delito de falso testimonio. Por otro lado, el acusado admitió haber golpeado a su expareja varias veces durante su relación tumultuosa; sin embargo, negó haberla violado. «Le metí los dedos en la vagina porque ella me lo permitió», dijo con frialdad.
La mujer relató momentos difíciles durante aproximadamente un año juntos entre 2023 y 2024. Ella decidió poner fin a esa relación tóxica pero él no supo aceptar esa decisión. Durante su convivencia vivió insultos y humillaciones constantes: «Me llamaba hija de puta, guarra… pensaba que me iba con otros hombres», explicó con tristeza.
Todo llegó a un punto crítico el 17 de agosto cuando él apareció en su casa después de haber terminado todo entre ellos. La discusión fue intensa; él le agarró del cuello y comenzó a golpearla mientras destrozaba su móvil contra el suelo. En medio del caos, para calmar las aguas le sugirió fumar un porro juntos—una decisión poco acertada—pero eso solo encendió más la ira del hombre quien comenzó a apuñalar el sofá con un cuchillo cercano.
Aquella noche marcada por la tensión culminó con ella ofreciéndose para demostrarle que no había estado con nadie más ese día: «Le ofrecí que me metiera los dedos en la vagina para demostrarlo». Cuando se le preguntó por qué no mencionó esto antes ni ante la policía ni durante la instrucción del caso respondió: «No sabía que le iban a pedir tantos años». Ahora sólo queda esperar lo que decida el tribunal sobre este complejo entramado emocional y legal.

