El pasado miércoles, la situación en Líbano se tornó aún más crítica. El Ejército israelí ha informado que, tras sus últimos ataques, han perdido la vida nada menos que 180 miembros de Hezbolá. Este dato no es sólo una cifra más; refleja el aumento de la tensión y el dolor que esta guerra trae consigo.
En un comunicado publicado este viernes, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) describieron estas acciones como un «golpe significativo» a la organización terrorista. La evaluación inicial llevada a cabo por su Dirección de Inteligencia Militar revela que los ataques del miércoles fueron masivos: se lanzaron sobre 100 objetivos, incluyendo 45 cuarteles centrales y alrededor de 40 instalaciones militares clave para los planes del grupo.
Ataques en el corazón de Beirut y el sur de Líbano
A medida que los informes llegaban desde el terreno, quedó claro que las fuerzas israelíes no habían escatimado esfuerzos. En Beirut atacaron unas 35 infraestructuras militares, entre ellas cuarteles cruciales para operaciones de inteligencia y misiles. Además, en el sur del país, otros 40 lugares fueron impactados, lo que evidenciaba una estrategia bien planificada pero también profundamente preocupante.
No obstante, lo más escalofriante es cómo estas operaciones parecen ser orquestadas en medio de la población civil. Israel ha argumentado que se tomaron precauciones para evitar daños colaterales; sin embargo, queda en el aire si esto es suficiente cuando hablamos del uso cínico que hace Hezbolá de civiles como escudos humanos.
Pese al reciente anuncio por parte de Pakistán sobre un alto el fuego mediado entre Irán y Estados Unidos—que supuestamente incluiría Líbano—Israel rápidamente desmintió cualquier implicación y continuó con su ofensiva más intensa desde que comenzó esta crisis.

