En un ambiente tenso y lleno de incertidumbres, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha dejado claro este miércoles que Irán llega a las negociaciones con Estados Unidos en una situación de vulnerabilidad. Según sus palabras, está «derrotado y más débil que nunca», lo que no significa que Israel baje la guardia. «Esto no es el final de la campaña. Estamos en plena preparación para alcanzar todos nuestros objetivos», afirmó Netanyahu con firmeza.
Lo curioso es cómo se siente al respecto; parece estar dispuesto a seguir adelante ya sea mediante acuerdos o reanudando conflictos bélicos si así lo consideran necesario. «Nuestros dedos están en el gatillo», dijo durante una comparecencia donde no permitió preguntas, dejando entrever que las cosas podrían escalar rápidamente.
Un golpe directo a Hezbolá
Netanyahu también mencionó que Teherán había aceptado abrir el estrecho de Ormuz tras renunciar a todas sus exigencias previas. Es decir, abandonaron demandas como el levantamiento de sanciones y un alto el fuego definitivo en Líbano. El primer ministro aseguró haberle dado un golpe tan fuerte a Hezbolá que «jamás lo habían sufrido» antes; menciona un ataque relámpago donde se bombardearon 100 objetivos en solo 10 minutos.
A pesar del revuelo internacional, Netanyahu insistió en que el acuerdo actual no sorprendió a Israel; más bien fue algo coordinado previamente. «Hemos socavado los cimientos del régimen terrorista de Teherán», sentenció con un aire desafiante mientras las delegaciones de Irán y Estados Unidos se preparan para iniciar conversaciones este viernes 10 de abril en Islamabad, Pakistán.

