La historia de la piscina de Pedro J. Ramírez en Son Servera no solo es un capítulo más en el libro de las irregularidades, sino un grito que nos recuerda que no debemos quedarnos callados ante los poderosos. Jaume Perelló, el valiente denunciador, lo tiene claro: «Es hora de plantar cara y luchar contra las ilegalidades, sin importar quién esté detrás». Y vaya si tiene razón.
La situación actual y sus repercusiones
En medio de esta polémica, otros temas importantes también están salpicando a Baleares. Desde el Parlamento nos llegan voces como la de Metges del Món, desmintiendo esos rumores sobre la saturación sanitaria por parte de la población migrante. Pero eso no es todo; ABINI lanza una alerta sobre cómo el bloqueo político está haciendo que la crisis de vivienda empeore cada día más. Y mientras tanto, nuestros sanitarios se ven obligados a movilizarse para reclamar esos sueldos pendientes que parecen estar olvidados.
No podemos olvidar la decisión del Gobierno balear de demoler esa piscina ilegal. Es un paso necesario hacia la justicia y una señal clara: las leyes deben aplicarse para todos, sin excepciones ni privilegios. Porque aquí somos todos iguales, ¿verdad?

