En un mundo donde los conflictos parecen no dar tregua, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha dado un paso al frente. Este miércoles, desde Londres, anunció una cumbre que se celebrará a finales de esta semana con el objetivo de estudiar medidas diplomáticas y políticas que permitan reabrir el estratégico estrecho de Ormuz. Un punto clave para el comercio global del petróleo que ahora se encuentra en medio del fuego cruzado de la guerra en Irán.
«Estamos explorando todas las vías diplomáticas posibles», aseguró Starmer en una rueda de prensa. Consciente de la gravedad del asunto, destacó la importancia de los contactos que está manteniendo con miembros del G7 y jefes de Estado Mayor de una coalición compuesta por 35 países. La idea es actuar coordinadamente para garantizar la seguridad marítima en esa zona tan convulsa.
Una reunión clave para la seguridad marítima
El líder británico comunicó que este encuentro será un hito, ya que reunirá por primera vez a esos países bajo el auspicio del Ministerio de Exteriores británico. «Vamos a evaluar todas las medidas viables que podamos adoptar para restablecer la libertad de navegación», explicó, enfatizando su compromiso con la seguridad de buques y marineros atrapados en esta crisis.
A pesar del optimismo mostrado, Starmer fue claro al decir: «Debo ser sincero con la gente: esto no será fácil». El desafío radica en cómo influye el conflicto en Irán sobre la navegación libre; aunque no necesariamente están vinculados el fin del conflicto y la apertura del paso. Reconoció también que no podemos asumir que una disminución de las tensiones implique automáticamente una reapertura total del estrecho controlado por Teherán.
Por eso mismo, subrayó que están pasando al siguiente nivel en su planificación respecto a Ormuz. Y no solo eso: dejó claro que Washington también debe estar involucrado en esta iniciativa crucial.
En medio de fricciones constantes con Donald Trump sobre cómo Reino Unido y otros países europeos se han implicado (o más bien desimplicado) en esta guerra, Starmer defendió firmemente los intereses británicos. «He sido absolutamente claro: esta no es nuestra guerra y no vamos a dejarnos arrastrar a ella», concluyó.

