En la Franja de Gaza, el dolor y la desesperación se han vuelto compañeros constantes. Este domingo, el Ministerio de Salud, controlado por el movimiento islamista Hamás, lanzó una dura acusación: desde que en octubre se proclamó un cese al fuego que parece más una ilusión que una realidad, más de 700 personas han muerto a causa de los ataques israelíes. Esta cifra, que no es solo un número frío, representa historias truncadas y sueños apagados.
Un alto el fuego que nunca fue
Hamás no ha dudado en señalar a Israel como responsable de romper este pacto en múltiples ocasiones. Desde su perspectiva, lo que debería haber sido un respiro ha resultado ser solo otra promesa vacía. Por otro lado, el Ejército israelí justifica sus acciones alegando provocaciones por parte de milicias palestinas. En este juego macabro de culpas y reacciones, quienes más sufren son los inocentes.
Este último informe revela que solo en las últimas 24 horas han perdido la vida otros diez seres humanos y hay dieciocho heridos más. Con esto, el total desde octubre asciende a unas cifras escalofriantes: 72.270 muertos y 172.013 heridos. Cada número cuenta una historia desgarradora y cada vida perdida deja una huella imborrable en esta comunidad.

