En 1983, el fotoperiodista Jordi Mestre y el periodista Xavier Martí decidieron emprender un viaje hacia el corazón de la emigración española. Se dirigieron al pequeño pueblo de Riola, donde cientos de valencianos se preparaban para ir a trabajar en las vendimias francesas. Lo que comenzó como una simple cobertura se convirtió en un testimonio visual que ahora cobra vida en una exposición en el ‘Alfolí de la Sal’ de L’Escala.
La historia detrás del lente
Mestre, quien recuerda cómo “nadie prestaba atención a los pobres”, se propuso visibilizar la realidad de aquellos que dejaban su hogar cada año por mejores oportunidades. Junto con Huertas, redactor jefe de El Periódico de Catalunya, acompañaron a estas personas hasta Valencia, donde esperaron juntos un tren especial. “El viaje era infinito”, dice Mestre, entre risas y recuerdos entrañables.
Aquel entonces era una época distinta; la emigración era civilizada. Todos partían con contratos firmados, sabían lo que iban a ganar y volvían con menos preocupaciones económicas. En sus maletas llevaban hasta paellas, ¡sí! Porque eran buenos valencianos. Y aunque vivían en condiciones simples –construcciones compartidas entre ocho o diez personas– disfrutaban de una libertad impensable hoy día.
Años después, al ver sus fotografías impresas, Mestre sintió un desencanto: “No contaban toda la historia”. Así nació esta exposición que no solo muestra imágenes impactantes sino también revive historias olvidadas por muchos. En cada rincón del ‘Alfolí’, esas grandes fotos parecen hablarte; te hacen sentir parte del viaje y conectar con esos protagonistas que ahora son parte del pasado pero cuyo eco resuena aún hoy.
A través de su trabajo, Mestre nos recuerda que ser emigrante no es sinónimo de ser enemigo ni encajar en estereotipos absurdos. “Todos éramos emigrantes”, dice él, evocando tiempos más sencillos donde cada uno buscaba mejorar su vida sin ser juzgado por ello.

