En la pintoresca localidad de Muro, Mallorca, la escena que se vivió el pasado sábado 21 de marzo no dejó a nadie indiferente. El alcalde, Miquel Porquer (El Pi), fue sorprendido en plena verbena, moviendo el esqueleto al más puro estilo del socialista Miquel Iceta. Mientras él disfrutaba del ritmo y la música, los vecinos compartían risas y comentarios sobre lo absurdo de la situación. Pero hay un trasfondo serio que nos obliga a reflexionar: ¿es esto lo que necesita nuestro pueblo?
Inseguridad en aumento
La alegría de esa noche contrastaba brutalmente con la realidad que viven muchos murers. En ese mismo momento, una pelea entre jóvenes estallaba en una calle cercana. Los testigos intentaron contactar con la Policía Local, pero no había respuesta; simplemente porque la falta de efectivos es alarmante. La Guardia Civil tuvo que intervenir para calmar los ánimos.
Muro lleva meses arrastrando un déficit crítico de policías locales: solo quedan 11 agentes disponibles, cinco de ellos patrullando las calles, mientras los demás están atrapados en tareas administrativas. Y aquí estamos nosotros, preguntándonos qué está haciendo Porquer al respecto. La comunidad ya ha expresado su malestar y ha denunciado su inacción.
Desde el sindicato UGT se habla abiertamente de una situation límite. No es solo un problema numérico; hay un profundo descontento entre los agentes debido a las condiciones laborales que enfrentan día tras día. En dos años, hasta 25 policías han decidido marcharse a otros municipios donde les ofrecen mejores oportunidades.
A todo esto se suma el dato escalofriante: sería necesario contar con hasta 92 guardias adicionales para asegurar dos policías por turno en Muro. ¿Por qué seguimos bailando cuando lo verdaderamente importante parece estar tirado a la basura? Los murers merecen más protección y atención por parte del Ayuntamiento.

