El fútbol, ese deporte que nos arrastra a la emoción y al drama, ha vuelto a jugar con nuestros corazones. El Real Mallorca se marcha al parón de selecciones en un momento crítico: en descenso. Este sábado, el equipo bermellón sucumbió ante el Elche con un 2-1 que les dejó con el alma en un hilo. Mientras tanto, todos teníamos la vista puesta en el Celta-Alavés, esperando que los babazorros hicieran lo que parecía inevitable: caer ante el Celta.
Un giro inesperado
Parece que el destino tenía otros planes. Con un primer tiempo donde el Celta dominaba claramente, logrando una ventaja de 3-0, todo apuntaba a que los de Demichelis tendrían una bocanada de aire fresco. Pero no, la segunda parte fue otra historia. Quique Sánchez Flores llevó a su equipo a una remontada para recordar: ¡4-3! La última vez que vimos algo así en La Liga fue hace más de dos décadas. Nos quedamos con los nervios de punta cuando Carlos Domínguez casi empata en el descuento con un cabezazo que prometía ser salvador; pero ahí estaba Siviera con su mano mágica, asegurando los tres puntos para el Alavés y dejando al Mallorca hundido.
A veces es difícil entender cómo este juego puede dejarnos tan altos y luego tan bajos; pero así es nuestro Mallorca, luchador hasta el final. Ahora solo queda esperar y ver si Demichelis logra reactivar al equipo antes del próximo encuentro.

