Hoy quiero hablaros de Paco el Gordo, un nombre que durante años resonó en el entorno del narcotráfico en Son Banya. Un tipo curioso, porque siempre se mantuvo al margen de los clanes que controlaban todo y eso le trajo más problemas de los que uno podría imaginar. Era como si estuviera jugando a un juego peligroso y, al mismo tiempo, surrealista. Recuerdo que, en una época, me enviaba información anónima sobre el narcotráfico en su barrio. Nunca cruzamos palabras hasta poco antes de su muerte.
En diciembre de 2006, recibí la visita inesperada de un tal «Paco el Gordo». Me sorprendió un poco, ya que había pasado por la cárcel y tenía una condena pesada sobre sus hombros: 17 años por secuestro y narcotráfico. Cuando me lo dijo, me explicó que estaba libre gracias a la condicional porque se encontraba muy mal de salud. A sus 56 años, quería conocerme antes de irse para siempre.
Un encuentro revelador
Su nombre real era Francisco Fernández Santiago y todos le conocían por su apodo debido a su prominente barriga. Pero aquella mañana no era más que una sombra de lo que había sido; su figura había cambiado drásticamente. En medio de nuestra conversación me confesó ser el autor de aquellos anónimos con información del pueblo. ¿Por qué lo hacía? Porque le gustaban mis artículos y también era una forma ingeniosa de fastidiar a los clanes.
Aquel día compartimos risas al recordar cómo detecté su identidad tras recibir una lista con nombres y lugares donde se vendía droga en Son Banya; ¡vaya manera de pillar a alguien! Al final del siglo pasado fue expulsado del poblado bajo amenazas. Él decía que era por negarse a pagar tributo a los clanes.
Paco provenía de una familia gitana arraigada desde los inicios en Son Riera, hoy conocida como Son Banya. Su visión sobre el cambio del lugar era clara: aunque los gitanos tenían parte de culpa, también había payos aprovechados ocultos tras las sombras.
Recordó momentos oscuros alrededor de elecciones donde todo estaba manipulado; él mismo participaba sin cuestionar nada porque dependía del Tío Kiko para sobrevivir. A pesar del peso del pasado y la muerte acechando, Paco no temía partir; creía firmemente en otra vida según la Biblia.
Nuestro abrazo final fue un adiós sincero antes de que dejara este mundo poco después. La historia de Paco es un reflejo crudo y humano del lado oscuro pero fascinante del lugar donde vivió.

