La situación es alarmante. Si no hacemos algo pronto, la mayoría de esos 80 caballos que tiran del carro en las galeras de Palma podrían acabar en el matadero. Un destino trágico que nos confronta con una dura realidad. En medio de la transición eléctrica y los cambios necesarios para adaptarnos a un mundo más sostenible, parece que estos animales son los olvidados del proceso.
Un clamor por su salvación
No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras escuchamos sus relinchos, clamando por ayuda. La comunidad se está movilizando y cada día hay más voces que exigen soluciones. ¿Es justo sacrificar a seres vivos en nombre del progreso? La respuesta parece evidente, pero necesitamos acciones concretas y rápidas.
Nadie quiere ver a estos nobles animales convertidos en carne, y sin embargo, el tiempo corre en su contra. Los rumores sobre planes que favorecen el monocultivo turístico están creciendo como la espuma. Así que tenemos que actuar ya; ellos merecen vivir dignamente y nosotros debemos luchar por ello.

