Este jueves, la sala del tribunal en Palma se ha convertido en un escenario de tensiones y emociones a flor de piel. Los miembros del jurado han comenzado su difícil tarea: deliberar sobre el caso desgarrador de un bebé que fue arrojado a un contenedor en Porto Cristo. La imagen es dura, ¿verdad? Un grupo de nueve personas queda incomunicado mientras se enfrenta a una decisión que cambiará vidas.
Un relato trágico
La Fiscalía no se ha andado con rodeos, pidiendo una pena de prisión permanente revisable para la madre y su tío, acusados de asesinato. Mientras tanto, la tía enfrenta una multa por omisión del deber de socorro. La fiscal lo dejó claro: «Sigo pensando que es un asesinato. Yolanda y Gustavo mataron a la bebé, sabían que al tirarla al contenedor iba a morir. Tenían un hospital a 400 metros». Las palabras resuenan como un eco aterrador en la sala.
En su declaración, la madre, visiblemente afectada, solo respondió a las preguntas de su abogado. Reconoció haber cometido el mayor error de su vida al pensar que no estaba viva: «No sabía que estaba vivo; tirarlo a la basura fue el mayor error de mi vida». Su cuñado también dio su versión, admitiendo que vio cómo ella sangraba pero decidió no mirar más por vergüenza.
Los hechos se remontan al 2 de noviembre de 2023. La mujer, con 42 años y casi siete meses de embarazo, comenzó el parto dentro del coche conducido por su hermano político. En lugar de buscar ayuda, ambos acordaron arrojarla a un contenedor sabiendo plenamente que estaba viva. El horror sigue creciendo mientras escuchamos cómo entregó a su hija para que él se deshiciera del cuerpo en plena calle Aterratge.
A pesar del rescate rápido por parte de los agentes policiales tras el aviso de un testigo, nada pudo hacerse por salvarla; murió debido a una parada cardiorrespiratoria después de nacer con vida. Los tres acusados fueron detenidos poco después y aunque inicialmente quedaron encarcelados, finalmente obtuvieron libertad bajo fianza semanas más tarde.

