La tensión en el Golfo Pérsico se ha disparado tras un ataque con misiles que ha dejado a la empresa QatarEnergy lidiando con «daños considerables» en su complejo de gas natural licuado en Ras Laffan. Este miércoles, la situación se tornó crítica cuando Irán lanzó varios proyectiles, desatando alarmas y evacuaciones. La Guardia Revolucionaria iraní había advertido sobre posibles «contraataques» y esto generó una reacción inmediata.
A pesar de los estragos, QatarEnergy ha confirmado que todos sus empleados están a salvo y que no hay víctimas que lamentar. Sin embargo, las llamas han consumido parte de las instalaciones y los equipos de emergencia han tenido que actuar rápidamente para controlar el incendio. Desde la cartera de Defensa, se reportaron cinco misiles lanzados desde Irán; afortunadamente, cuatro fueron interceptados, pero uno impactó directamente en la ciudad industrial situada a 80 kilómetros al norte de Doha.
Reacción contundente del gobierno qatarí
El Ministerio de Exteriores no tardó en reaccionar y condenar este acto como una flagrante violación de su soberanía. Sus declaraciones no dejaron lugar a dudas: consideran este ataque una amenaza directa a su seguridad nacional y un claro signo de irresponsabilidad que podría desestabilizar aún más la región. Qatar subraya su derecho a responder conforme al derecho internacional, dejando entrever que no se quedarán callados ante esta provocación.
Esta escalada sigue a las órdenes emitidas por la Guardia Revolucionaria para evacuar varias instalaciones energéticas clave en Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Qatar, tachándolas como «objetivos legítimos». Con un clima tan tenso y lleno de amenazas veladas, parece claro que estamos ante un juego peligroso donde cada movimiento cuenta.

