El fútbol femenino está viviendo un momento convulso, y la semifinal de la Copa de la Reina entre el Tenerife y el Atlético de Madrid no ha sido la excepción. En un ambiente tenso, justo cuando se acercaba el minuto 89, estalló una polémica que hizo temblar los cimientos del estadio Heliodoro Rodríguez López. La árbitra Olatz Rivera activó de inmediato el protocolo contra el racismo tras un presunto insulto de Giovana Queiroz hacia Dembele Fatou.
Todo ocurrió tras la expulsión de Fatou, cuando su compañera Noelia Ramos Álvarez se acercó a la colegiada para denunciar que Gio se había dirigido a ella llamándola “negra”. Un momento delicado que llevó a detener el partido durante cinco minutos. Rivera dejó constancia en su acta de lo sucedido, reflejando cómo las tensiones habían escalado más allá del campo.
Conflictos en los vestuarios: tensión desbordada
No solo fue en el césped donde las emociones se desbordaron. Al finalizar el encuentro, mientras las jugadoras regresaban al vestuario, surgió una confrontación que obligó a separar a varias futbolistas de ambos equipos. El delegado del Atlético advirtió a Rivera sobre gritos provenientes de la presidenta del club pidiendo ayuda policial.
Afortunadamente, aunque Fatou fue expulsada por empujar a una rival sin consecuencias físicas para ella, lo ocurrido dentro del túnel generó preocupación. Con todo esto en juego y después de ganar 0-1 gracias al gol visitante, queda claro que este tipo de situaciones manchan no solo un partido; sacuden también los valores fundamentales del deporte.

