El escenario se iluminó y el corazón de los asistentes comenzó a latir al ritmo de la música. Rosalía, la estrella catalana, se presentó ante su público con un espectáculo que fue mucho más que una simple actuación; fue un auténtico viaje emocional. La transición de ser una bailarina clásica con tutú a convertirse en ícono del pop dejó a todos boquiabiertos. Con el respaldo de los talentosos bailarines de (La)Horde, cada movimiento era un reflejo de pura energía.
Un espectáculo que desafía géneros
Desde el principio, el contraste entre lo estático y lo frenético se sentía en cada rincón del teatro. Rosalía comenzaba como una delicada figurita en una caja de música, inmersa en la parte más operística de su álbum. Mientras interpretaba temas como ‘Sexo, violencia y llantas’, su voz resonaba poderosa aunque su cuerpo permaneciera casi inmóvil. Pero eso cambió radicalmente cuando llegó ‘Barghain’; ahí todo explotó. Los movimientos frenéticos marcaron el fin de la calma inicial y dieron paso a un torbellino vibrante que hizo temblar las butacas.
Las coreografías eran simplemente impresionantes, sintonizando perfectamente con la escenografía que combinaba simbolismo y sencillez. Cada danza contaba una historia, haciendo magia visual gracias a los detalles cuidados al máximo. En momentos donde Rosalía se integraba con sus bailarines parecía que todos formaban uno solo; sin embargo, ella siempre brillaba con luz propia.
A pesar del derroche creativo, hubo algunos instantes donde las transiciones resultaron algo forzadas; aquellos momentos donde los bailarines asumían roles más actoralizados podían desconcertar un poco. Pero no hay duda: Rosalía y su ‘Lux tour’ han llegado para dejar huella en nuestros corazones.

