MADRID, 16 de marzo. Este domingo, en una conversación que no pasó desapercibida, el primer ministro británico, Keir Starmer, y el presidente estadounidense, Donald Trump, se encontraron en la misma sintonía: la necesidad urgente de reabrir el estrecho de Ormuz. Este lugar, uno de los pasos más cruciales para el transporte de crudo en todo el planeta, ha estado sufriendo las consecuencias del bloqueo impuesto por Irán, un hecho que ha puesto en jaque la navegación internacional.
Un llamado a la acción global
Durante su llamada nocturna, ambos líderes coincidieron en lo mismo: este paso estratégico es clave para poner fin a los problemas que están encareciendo los precios del petróleo a nivel mundial. El Gobierno británico fue quien hizo público este intercambio, subrayando la importancia de restablecer la normalidad en este punto neurálgico del comercio marítimo.
No obstante, Starmer también aprovechó para transmitir sus condolencias a Trump por las pérdidas humanas estadounidenses desde que estalló el conflicto en Oriente Próximo. Desde esa ofensiva sorpresiva contra Irán lanzada a finales de febrero por Estados Unidos e Israel, han sido más de 3.000 vidas perdidas según informes de HRANA, una ONG iraní dedicada a los derechos humanos.
A pesar del tenso clima internacional y la crítica situación actual, hay quienes aún miran hacia adelante. Trump no dejó pasar la oportunidad para mencionar su propuesta sobre una misión naval internacional destinada a mantener abierto y seguro el estrecho. En redes sociales expresó su esperanza de que “países afectados” como Reino Unido se unan al esfuerzo por desmantelar esta “restricción artificial”. Dijo claramente: “Con suerte”, otros países como China o Japón también enviarán buques para asegurar que esta zona deje de ser una amenaza bajo control iraní.

