El pasado sábado, Montjuïc se convirtió en el escenario de una noche mágica para la literatura catalana. A pesar de la lluvia que parecía querer arruinarlo todo, los verdaderos protagonistas brillaron con luz propia. Carles Rebassa, un escritor mallorquín que ha sabido conectar con su tierra y sus gentes, se llevó a casa el Premi Sant Jordi de Novela por su obra ‘Prometeu de mil maneres’, una reflexión cruda sobre las relaciones humanas en una Palma asediada por la especulación.
Una gala llena de emociones y reivindicaciones
Acompañado por Antònia Carré-Pons, quien también fue premiada por su novela ‘La gran família’, Rebassa no solo celebró su triunfo literario, sino que utilizó la plataforma para lanzar un mensaje potente. «Sin lengua no hay país», proclamó ante un auditorio entusiasmado, recordando que nuestra cultura necesita protección en tiempos difíciles. Su discurso resonó entre los presentes: «Es necesario defender nuestro idioma; sin él, nos desvanecemos».
Los premios no solo destacaron el talento individual; también reflejaron una comunidad vibrante y diversa. Figuras como Marc Artigau, quien ganó el Mercè Rodoreda con su primer libro de cuentos, o Cristina Genebat, galardonada por su reciente novela debut, enriquecieron aún más la velada. Cada uno trajo consigo historias únicas que alimentan el panorama literario catalán.
A medida que los nombres iban sonando y los aplausos resonaban en la Sala Oval del MNAC, quedó claro que esta primera Nit de les Lletres Catalanes tenía algo especial. Era un grito colectivo a favor de nuestras raíces culturales y un homenaje a aquellos que luchan por mantener viva la llama del catalán frente a la adversidad.

