En Bruselas, el pasado viernes, António Costa, presidente del Consejo Europeo, no se anduvo con rodeos. Su preocupación era palpable al hablar sobre la reciente decisión de Estados Unidos de levantar las sanciones a las exportaciones de petróleo ruso. «Esto es muy preocupante porque afecta directamente a la seguridad europea», sentenció en un mensaje que dejó claro su sentir. Para Costa, cualquier intento de suavizar las medidas económicas contra Moscú podría ser visto como una invitación a que el Kremlin continúe con sus acciones agresivas.
La presión es clave
El mandatario portugués hizo hincapié en que mantener e incluso intensificar esta presión económica es fundamental para forzar a Rusia a sentarse en una mesa de negociaciones. «Las sanciones son nuestra herramienta más efectiva para lograr una paz justa y duradera», afirmó con firmeza. Y no le falta razón; según él, debilitar estas sanciones solo haría que Rusia tuviera más recursos para seguir alimentando su guerra contra Ucrania.
Costa nos alerta: cada paso atrás en este sentido refuerza la capacidad financiera del Kremlin para sostener su ofensiva militar. La situación no admite complacencias ni decisiones apresuradas; estamos hablando de nuestro futuro y el equilibrio en Europa está en juego.

