Imagínate que quieres comprarte un pis en Palma, esa joya del Mediterráneo que todos soñamos. Pues bien, vas a necesitar casi 150.000 euros ahorrados, ¡sí, has leído bien! Esa cifra desorbitada es la más alta de todo el país y nos hace cuestionar si realmente vale la pena vivir en un lugar donde lo único que parece crecer son los precios.
Un mercado descontrolado
La realidad es dura y muchos de nosotros sentimos cómo se nos escapa el sueño de tener un hogar propio entre las manos. Con cada día que pasa, los precios se disparan y parece que solo unos pocos privilegiados pueden permitirse el lujo de tener una vivienda aquí. Las familias luchan por encontrar algo asequible mientras ven cómo el monocultivo turístico arrasa con lo poco que queda.
A medida que caminamos por las calles de Palma, vemos carteles de “se vende” colgados en ventanas de pisos viejos y deteriorados. Pero claro, al asomarse al balcón con vistas al mar también hay un precio: un riñón. ¿Es esta la ciudad que queremos? Un lugar donde solo los ricos pueden disfrutar del sol y la brisa marina.
No podemos quedarnos callados ante esta situación. La comunidad tiene voz y necesitamos gritar para ser escuchados. La vivienda no debería ser un lujo; debería ser un derecho básico para todos nosotros.

