La situación en Sa Presó ha dado mucho de qué hablar estos días. El PSOE no ha tardado en alzar la voz ante lo que consideran un «desalojo improvisado», cargando las tintas sobre el Institut Mallorquí d’Afers Socials (IMAS) por haber «abandonado» a las más de 200 personas que residen allí.
Sofía Alonso, portavoz del grupo socialista en el Consell de Mallorca, no se ha andado con rodeos al calificar este proceso como «precipitado, improvisado y profundamente irresponsable». La política asegura que «estamos ante una operación que no tiene en cuenta a quienes están en grave riesgo», lo que revela una clara falta de liderazgo por parte del IMAS. Según los socialistas, el desalojo se ha llevado a cabo sin ofrecer alternativas habitacionales ni dispositivos sociales preparados. Simplemente, han dejado a cientos de personas a su suerte.
Un desalojo sin rumbo claro
«Este desalojo no resuelve nada», enfatizó Alonso. Según ella, solo sirve para expulsar la pobreza de un rincón de la ciudad para que resurja en otro lugar. Y es que la gestión del presidente del IMAS, Guillermo Sánchez, ha sido duramente criticada por haber mirado hacia otro lado durante años mientras la situación se deterioraba cada vez más.
A lo largo de su intervención, Alonso también hizo hincapié en la sorprendente falta de preparación del organismo responsable: «No hemos visto ningún plan específico para atender a estas personas. Ni emergencia ni alternativa real; simplemente nada». Para ella, esto refleja un claro fracaso institucional: dejar que las cosas se compliquen y actuar con prisas es una receta segura para agravar aún más los problemas.
No obstante, hay una ironía preocupante detrás de toda esta crisis: después de años ignorando las voces críticas, tanto el Ajuntament como el Consell han tenido que recurrir a las entidades sociales para pedir ayuda. Entidades a las que previamente habían menospreciado como ‘chiringuitos’. ¿No resulta esto increíblemente hipócrita?
A pesar de sus limitaciones—sin parque de vivienda ni presupuesto suficiente—son estas organizaciones las únicas que han estado presentes cuando más se les necesita. Una vez más son ellas quienes sostienen la dignidad humana mientras nuestras instituciones parecen llegar tarde y mal.
Los socialistas advierten: si no hay un plan serio detrás del desalojo, solo estamos condenados a desplazar el problema y crear nuevos asentamientos improvisados por toda Ciutat. Concluyendo con fuerza, Alonso dejó claro: “Esto no es una política pública; es una huida hacia adelante”.

