En un partido que prometía ser la consagración de Martín Demichelis, el Real Mallorca salió del campo de El Sadar con una sensación amarga. Con un 0-2 a favor gracias a un doblete de Muriqi, los bermellones parecían tener el triunfo en la mano. Sin embargo, en un giro inesperado, permitieron que Osasuna empatara en los últimos minutos con goles de Kike Barja y Budimir.
Un partido que pudo ser histórico
A medida que avanzaba el encuentro, la emoción se hacía palpable. La afición mallorquinista soñaba con una victoria que no solo significaría tres puntos, sino también un nuevo comienzo bajo la dirección de Demichelis. Pero todo cambió tras la expulsión de Virgili en el minuto 72; desde ese momento, el equipo local se sintió revitalizado y comenzaron a presionar intensamente.
Antes del caos final, el Mallorca había mostrado destellos de buen fútbol. La primera parte fue un soplo de aire fresco: más del 66% de posesión y un juego más atrevido. La inclusión de Pablo Torre aportó dinamismo al equipo, mientras Muriqi brillaba al encontrar su camino hacia la portería rival.
Pero cuando parecía que los tres puntos estaban asegurados, llegó el desenlace trágico. Un gol tardío de Kike Barja reavivó las esperanzas locales y encendió las alarmas en los corazones bermellones. Y ya en tiempo añadido, Budimir selló la decepción para dejar a todos con ganas de más.
Esta igualdad sabe a derrota para un Mallorca que tenía todo para ganar. A pesar del esfuerzo y las buenas intenciones del nuevo técnico, queda claro que este equipo necesita ajustar algunas piezas si quiere luchar por su permanencia.

