En un giro sorprendente en las aguas del mar Báltico, Suecia ha dado un golpe contundente al abordar el buque ‘Caffa’, que aparece en la lista de sanciones por la guerra en Ucrania. Este barco, que se sospecha forma parte de esa inquietante ‘flota fantasma’ rusa, estaba transportando crudo con el fin de eludir las restricciones impuestas a Moscú. Carl-Oskar Bohlin, el ministro de Defensa Civil sueco, no ha dudado en compartir esta información a través de sus redes sociales: «La Guardia Costera ha abordado un presunto carguero de bandera falsa en nuestras aguas».
Bohlin también ha subrayado que la situación del ‘Caffa’ es compleja; su «estructura de propiedad» no está nada clara y se teme que ni siquiera tenga seguro. Al parecer, este buque cambió su bandera rusa por una de Guinea durante el verano pasado. La investigación ahora determinará si realmente tiene derecho a navegar por estas aguas tan sensibles. «Las decisiones sobre estos barcos dependen de una evaluación jurídica independiente», añadió.
Una acción necesaria ante la amenaza marítima
El abordaje tuvo lugar cerca de Trelleborg como parte de lo que han denominado Operación Café Solo, donde también colaboró la Policía local. El portavoz de la Guardia Costera, Mattias Lindholm, destacó este esfuerzo conjunto a través del diario ‘Göteborgs-Posten’. Curiosamente, según Marinetraffic, el ‘Caffa’ estaba realizando rutas entre Casablanca y San Petersburgo cargado con cereales.
Tras conocerse esta noticia, Andrii Sibiha, ministro ucraniano de Asuntos Exteriores, expresó su agradecimiento a Suecia por su intervención. «La acción colectiva contra estos buques es cada vez más intensa», comentó Sibiha mientras enfatizaba que las sanciones son efectivas cuando se aplican con rigor. Además, instó a todos a unir fuerzas para frenar las actividades nocivas de la ‘flota fantasma’, protegiendo así tanto la seguridad como el medio ambiente europeo.
No olvidemos que los servicios secretos ucranianos ya habían señalado que este mismo barco transportó cereales procedentes de territorios ocupados por Rusia en julio pasado. En concreto, esos cereales fueron cargados en Sebastopol (Crimea). Así pues, esta intervención no solo representa una acción legal; es también un paso firme hacia la defensa del territorio y los recursos europeos.

